El "vigilantismo" es siempre peligroso. Cuando usado como herramienta de plataforma política, doblemente peligroso.
06:51 PM 26/06/2018
Por Teresa Da Cunha Lopes
El "vigilantismo" es siempre peligroso. Cuando usado como herramienta de plataforma política, doblemente peligroso.
Los "linchadores" a suelta por toda la ciudad, armados de cámaras para registrar sus "acciones" nos retrotraen a unos tiempos de justicia salvaje que a la civilización le ha costado mucho tiempo abolir.
Ni el Estado ni la sociedad lo deben tolerar y, mucho menos dejar crecer.
Prepotentes, nerviosos y presumiendo de su moral social falsa (y, normalmente de pasados no muy claros), están dispuestos, hoy, a lanzarse sobre un ladrón a garrotazos, mañana a eliminar un opositor político y, nunca hesitarán en silenciar las voces ciudadanas que se le opongan.
No, nos dejemos engañar: nunca son la solución. Se alimentan del miedo y se crean, muchas veces, tal como lo estamos viendo ahora, con móviles políticos. Para tal, crean una histeria colectiva, manipulando la información, "produciendo" guiones y escenarios para capitalizar apoyo.
Fabrican " delincuentes" y difunden una narrativa que no tiene por qué coincidir con la realidad, pero que crea una histeria colectiva.
El Estado está obligado a defender a la sociedad de la delincuencia. Es su función, pero también su monopolio. Por consiguiente, también está obligado a defendernos del "vigilantismo", que es, por su propia naturaleza una forma específica y, mucho más peligrosa, de ruptura de la paz social y que atenta , contrariamente a la falacia que "venden" , contra la seguridad de los ciudadanos.
Los grupos autoconstituidos, vagamente uniformados pueden, rápidamente en una masa sanguinaria y vengadora. En período normal esto constituye un escenario de terror. En plena campaña electoral puede ser un instrumento de disrupción violenta del proceso democrático.
Además, en una entidad federativa que tiene una dinámica de violencia asociada a la guerra contra el crimen organizado, nunca tendremos la seguridad de que estos grupos de "vigilantes" no son una forma evolutiva de organización de los primeros.
Una estrategia "creativa" de se apoderar del territorio moreliano y, a partir de ese control, tener bajo permanente chantaje al ciudadano y a la autoridad.
No olvidemos que algunos políticos aplican la máxima del cómico norteamericano Groucho Marx a su comportamiento y parecen interpretar a la política, como “ el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Pero que el vigilantismo es el “arte” de sobre ese diagnóstico falso, aplicar la “doctrina” de la acumulación de los muertos
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