La interculturalidad, una asignatura pendiente: Gustavo Miranda
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La columna
12:06 PM 08/11/2015
Visión Indígena
La interculturalidad, un tema pendiente
entre el Estado y los Pueblos Indígenas
Por Gustavo Miranda Salgado.
Desde la región lacustre del lago de Pátzcuaro se observan, analizan y cuestionan los resultados de tres años de labor en algunas poblaciones indígenas establecidas en sus territorios ancestrales enmarcados en los municipios de Pátzcuaro, Quiroga, Erongarícuaro y Tzintzuntzan. Con una mirada histórica hacia estos pueblos se sopesa la originalidad del escenario urbano como ámbito de intervención en interculturalidad y se examina el desarrollo de estos pueblos, extrayéndose conclusiones que ayudan a palpar los límites teóricos y prácticos que presenta la construcción de la interculturalidad en las comunidades indígenas de esta región de Michoacán.
Antes de entrar en la materia, es necesario saber que México es el país con mayor población indígena de América. Según el último Censo Nacional de Población y Vivienda (INEGI, 2011), 6.9 millones de mexicanos de tres años de edad y más hablan una lengua indígena, lo que significa 6.6% de la población nacional. Sin embargo, 15.7 millones (14.86%) se consideran indígenas. Si bien en otros países, como Guatemala, Bolivia, Perú y Ecuador, el porcentaje de población indígena es considerablemente mayor, en números absolutos México es el país del continente con más indígenas.
Esta diversidad representa, sin duda, una gran riqueza que el país ya reconoce, pues en el artículo 2° de la Constitución se estipula que la Nación tiene una composición pluricultural – concepción basada en el territorio – sustentada originalmente en sus pueblos indígenas (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2008). Y es importante señalar que interculturalidad y pluriculturalidad no son sinónimos.
De acuerdo al censo de INEGI en el 2010, la población de hombres de 3 años y más en Michoacán ascendía a un millón 965 mil 327 hombres de los cuales 64 mil 857 hablaban lengua indígenas, mientras que la población de mujeres de 3 años y más arrojaba a 2 millones 126 mil 714, de estas, 68 mil 820 hablaban lengua indígena, es decir: el universo de esta población en Michoacán asciende a 133 mil 677 indígenas.
El universo de esta población permite arribar a un conjunto de preguntas que ponen en entredicho la viabilidad del desarrollo de la interculturalidad en contextos urbanos y multiculturales como en Uruapan, el municipio con mayor población indígena en Michoacán, Paracho, Quiroga, Pátzcuaro, entre otros, preguntas tendientes a catalizar respuestas que oxigenen las reflexiones y prácticas sobre la interculturalidad. Preguntas que apuntan a la generación de políticas públicas pertinentes que se amparen en visiones dinámicas de la diversidad y coexistencia multicultural – nahuas, purépechas, mazahuas y otomís existentes en Michoacán –, teniendo como última finalidad la promoción de la interculturalidad como imperativo social, económico, político y cultural capaz de exhortar al conjunto de la sociedad en la valoración y ejecución de esta alternativa. Esto en el entendido que los beneficios que ella reporta son alcanzables, única y exclusivamente, cuando la totalidad de la sociedad destierra la discriminación para hacer del diálogo el principal motor de lo social.
Para comprender los exiguos resultados educativos obtenidos en los pueblos indígenas de Michoacán por las políticas públicas en interculturalidad, es necesario analizar sus objetivos y formas de alcanzarles. Los objetivos son confusos porque, si bien se visten con el ropaje del respeto de la diversidad no logran más que asimilarla para tornarla aséptica y hacerla invisible nuevamente, lo que se suma a relaciones paternales entre Estado y pueblos indígenas que profundizan la dependencia social, económica, política e inclusive enajenando la cultura de estos últimos.
Es necesaria y prudente que la interculturalidad sea impulsada por el conjunto de la ciudadanía a través de sus organizaciones y colectividades, y no solamente por el Estado. Importante será quebrar, acabar, la dinámica patriarcal e infantil de las relaciones entre Estado y Pueblos Indígenas en vísperas de otorgar mayor poder de creación y decisión a estos últimos, al menos en aspectos educacionales y culturales.
(Gustavo Miranda Salgado. Periodista. Consultor Externo Honorario de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Michoacán.)
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