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REENCUENTRO CON EL HUMANISMO Y EL NICOLAICISMO

REENCUENTRO CON EL HUMANISMO Y EL NICOLAICISMO

Los hombres se asemejan a los dioses cuando hacen el bien a la humanidad. Cicerón
12:46 PM 22/08/2013


Por Henoc Pedraza Ortiz
Los hombres se asemejan a los dioses cuando hacen el bien a la humanidad. Cicerón
El maestro nicolaita Eleazar Estrada Granados, publicó en el 2008 el importante libro “Reencuentro con el humanismo y el nicolaicismo”, por una edición de la UMSNH, consta de 189 páginas y tiene una completa y vital bibliografía de 42 libros.
Este libro es de vital importancia hoy, en el cual los valores humanos han decaído ante el valor económico donde prevalece la concepción de que el hombres es un lobo para el hombre, donde al hombre y la mujer se le considera no por lo que es, sino por lo que tiene, alrededor de la marginación, la injusticia y la explotación. Aquí se rescata al humanismo, que toma como centro de su actividad al hombre con todas sus virtudes y vicios, para conformarlo como un ser que puede transformar a la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, por medio de su teoría y su práctica. Y por lo tanto toma al nicolaicismo como un humanismo, como un paradigma que debemos seguir en la vida que no se debe olvidar.
En este sentido, el maestro Eleazar Estrada en el prólogo de su libro no explica:
-“¿Por qué el título Reencuentro con el Humanismo y el Nicolaicismo?
-Porque en la complejidad de nuestra vida, observo un grave distanciamiento entre nosotros, los seres racionales, y el humanismo como concepción del mundo y de la vida, basada en el respeto a la dignidad humana y, y en particular, para quienes nos decimos nicolaitas, el apartamos también en la teoría y en la práctica del nicolaicismo como una actitud y acción ante la vida, por lo que consideramos mejor para toda la humanidad. Y porque vivimos en un universo cada vez más deshumanizado, el hombre contemporáneo se ha mecanizado a tal grado, que deambula por doquier sonambúlicamente, como un robot sin redención posible…
La deshumanización cómo pérdida del respeto, a la naturaleza, a la dignidad, a los sentimientos y al valor de la esencia humana, está a la orden del día, en todas partes del planeta y en casi todas las actividades emprendidas por los seres humanos, por ejemplo, en el trágico e incontable incremento de la violencia; el crecimiento irracional de la industria armamentista encabezada por las potencias que tienen la hegemonía económica y tecnológica en el mundo, entre ellas, los Estados Unidos de Norte América, país prototipo de deshumanización, de terror y de barbarie; también forman parte de esta degradación humana, el flagelo provocado por la extrema pobreza, propiciada por el desempleo, por la corrupción descarada y sobre todo por la injusta distribución de la riqueza y como consecuencia de ello, la existencia de millones y millones de indigentes en México y el orbe, en contraste con el ofensivo y desmedido enriquecimiento de unos cuanto; verbigracia, México, es la Patria de uno de los hombres más ricos de la tierra… Irónicamente ¡Qué orgullo para los mexicanos que vivimos el drama del desempleo, la pobreza, la injusticia y la desigualdad!
Vivimos un proceso acelerado y peligroso de descomposición social en el que todo se deshumaniza; la política está deshumanizada por los vulgares y enfermos de poder que se sirven de ella para su beneficio particular o de grupo y por encumbrar a los malvados y humillar a los varones de talento y probidad; la religión, a través de la iglesia, está deshumanizada, porque sigue siendo un instrumento de enajenación y fanatismo, de manipulación y control a favor de intereses dogmáticos y sectarios; la economía, por no resolver los graves problemas sociales; y hasta el sistema educativo, está igualmente deshumanizando al no lograr aún erradicar la ignorancia y el analfabetismo de los pueblos.
Todo lo anterior impacta negativamente en el contexto social, porque deviene en caos o desorden y confusión, y, por ende, en una clara descomposición y desintegración que se origina en la célula más importante como lo es la familia.
Por esta razón, urge que volvamos a nutrirnos de la savia del humanismo y del nicolaicismo, para que la práctica cotidiana de estas dos vertientes del pensamiento se reflejen en todas nuestras acciones, con atención prioritaria en pro de las clases sociales desprotegidas. Este es el principal objetivo que me ha motivado a estructurar el compendio que tienes en tus manos, con la certeza que sabrás extraerle el máximo provecho!
Es por esto, entonces, que es necesario retornar al nicolaicismo en su espíritu y a favor del pueblo.
Pero, ¿qué es ser nicolaita? En un discurso dirigido a los nicolaitas en el año de 1940 en el Colegio de San Nicolás, el General Lázaro Cárdenas del Río, en ese año presidente de la República, expresó: “La sombra de Vasco de Quiroga debe animar nuestra vida. Vasco de Quiroga es, para nosotros, el ejemplo de la Cultura en sentido de amor a la humanidad, de inteligente amor a los desheredados. Nuestros indígenas aprendieron a amar en vasco de Quiroga, a la sabiduría, porque la sabiduría fue de la mano con la bondad. La cultura sin un concreto sentido de solidaridad con el dolor del pueblo no es fecunda, es cultura ilimitada, enero adorno de parásitos que estorban en el progreso efectivo…
Ser nicolaita es poner al servicio de la patria los últimos adelantos de la ciencia, las emociones del arte y los conceptos más profundos del pensamiento… Un pensamiento, un universo nicolaita, leal a su tradición histórica, no puede sentirse extraño o ajeno a las necesidades del pueblo, porque ni la finalidad de la ciencia es otra que ayudar a la humanidad en el dominio del mundo externo, ni el arte puede truncar su destino para convertirse en simple distracción y patrimonio de unos cuantos”.
El Dr. Ignacio Chávez, en un emotivo discurso pronunciado en 1948, en el Colegio Primitivo y Nacional de San Nicolás, liberó su pensamiento para hablar del significado del término nicolaita: “Ser nicolaita es llevar una huella tan honda, que es como una quemadura en el alma, que no se cura jamás. Ser nicolaita es creer vivamente en sus ideales y de ellos sacar fuerza para toda la vida… es sacudirse el polvo de mil prejuicios y enseñarnos a pensar por nosotros mismos; es descubrir el ímpetu incontenible de ser libres… es tener capacidad para discutir todo lo discutible y lo indiscutible en actitud de iconoclastas; es cultivar el hábito por la lectura; es dejar constancia de rebeldía… ante una imposición conservadora y absurda; es no dejar que se rompa el eslabón de lo invisible pero férreo que nos une a todos en una trayectoria histórica del Colegio de San Nicolás; es guardar celosamente la tradición de libertad en el pensamiento y en la acción, que ha sifrido la esencia de la educación nicolaita; que esa libertad se haga fecunda por el estudio y el trabajo de todos los días y después, si es preciso, ennoblecerla por el sacrificio…
El nicolaita no tiene en la vida sino fórmulas de triunfo, hecha de trabajo obstinado, de fe que no admite desalientos y sobre todo, de pasión generosa que no admite la mezquinidad humana. Nunca esperar el triunfo como un regalo de la vida ni como una sorpresa. No es algo que se entrega sino que se conquista, es premio que no se brinda sino que se merece”.
El doctor Juan Hernández Luna, fundador y director del Centro de Estudios sobre una cultura nicolaita, en su mensaje dirigido a los nicolaitas el 8 de mayo de 1961 en el Colegio de San Nicolás, expresó… “los grandes momentos de nuestra comunidad nicolaita han sido aquellos en los que hemos visto verdaderamente aliados a las preocupaciones provincianas locales y hemos colaborado en la resolución de los importantes problemas nacionales; esos grandes momentos de nuestra comunidad son tres: el primero, cuando Don Vasco de Quiroga fundó el Colegio de San Nicolás, el Centro de Cultura más avanzado de la Nueva España; el segundo, cuando Miguel Hidalgo y José María Morelos fueron los iniciadores y el nervio de la Revolución de Independencia; y el tercer, cuando Melcho Ocampo, con su talento, con su sabiduría, inspiró el nervio ideológico e las Leyes de la Reforma.
Los nicolaitas somos hijos de esta época del Renacimiento; nacimos a la historia cuando Erasmo, Bacón, Tomás Moro y Campanella tenían sus ojos puestos sobre América recién descubierta y la concebían como el teatro de experimentación en sus utopías; esto es como la posible tierra donde la humanidad, después de tantas desventuras, había de realizar al fin sus anhelos; ser una humanidad más feliz, más próspera y más dichosa.
Quien trajo al Nuevo Mundo, a ese continente, la utopía del Renacimiento fue Don Vasco de Quiroga, fundador de nuestro nicolaita; el 1535, viene como oidor a la Nueva España e inmediatamente concibe la idea de organizar a los indios, a los naturales, en una institución musótica que él denomina Repúblicas-Pueblos, en una institución inspirada en la República de Platón, en la Saturnal de Luciano, de la Utopía de Tomás Moro; en esta institución todos los hombres y mujeres son libres; la esclavitud queda abolida; los indios, los naturales gozan de plana libertad.
Todos los principios con los cuales organiza Vasco de Quiroga el experimento de República Utópica, no fueron sino realizados en mínima parte; sin embargo, lo importante para nuestra comunidad nicolaita es que allí quedó el germen de nuestra sustancia; quedó la esencia de lo que nosotros somos, y quedó además el embrión de lo que va a ser la República Mexicana; los nicolaitas somos por esencia la utopía; la sangre de la utopía renacentista que circula por nuestras venas, se la debemos a Don Vasco de Quiroga; esta semilla de la utopía renacentista se conserva durante la colonia; su gesta va en proceso de formación; al fin renace en Hidalgo y Morelos, refrendados y enriquecidos, y con ellos se elabora una nueva utopía que está al centro del movimiento de Independencia y que hace que este movimiento sea precisamente una Revolución social; esta utopía concebida por Hidalgo y Morelos, es lo que, aparta del programa de independencia de estos caudillos del resto de los criollos que no querían sino una simple separación política de la metrópoli española, los elementos utópicos concebidos por Hidalgo y por Morelos están representados en el Decreto de Abolición de la esclavitud, en los decretos que Hidalgo y Morelos tenían de la Independencia, y la mejor demostración por la cual estos elementos utópicos tenían este carácter en el momento en que Hidalgo y Morelos los formulaban, es que hubo necesidad de que transcurriera medio siglo para que al fin se reconociera la Independencia de México a mediados del siglo.
…Esta semilla de la utopía nicolaita vuelve a renacer en los días de la Reforma e incendia el cerebro y el corazón de Ocampo, y se forja una nueva utopía nicolaita que está en el centro de la Revolución de Reforma… Esa nueva utopía tiene como esencia las Leyes de Reforma…”
Y para el maestro Eleazar Estrada Granados, ser nicolaita “es hacer de la vida un combate constante y una lucha permanente; es convertir los preciosos minutos en sesenta segundos de combate bravío; es tener muy presente los perfiles de la realidad histórica que vivimos; es enriquecer permanentemente a través del estudio y de la investigación, nuestras concepciones científicas y filosóficas acerca de la vida, de la naturaleza y del universo; es tener el valor y la determinación de liberarnos de las nuevas formas de esclavitud cono son: la mediocridad, la corrupción, la apatía o la indiferencia, el conformismo, la ignorancia, el fatalismo, el dogmatismo y el sectarismo; es convertirse en un factor decidido en el proceso de cambio social; es combatir con la palabra y la pluma a las fuerzas más recordatorios que aún existen; es no dejar invadir por el pesimismo, el temor y el escepticismo que aún existen en nuestra Patria; es defender las causas justas de los pueblos; es no dejarse invadir por el pesimismo, el temor y el escepticismo; es ser sensibles al dolor humano y a las demandas más sentidas de la de la sociedad…
O como dijera el ilustre poeta Ramón Martínez Ocaranza; un nicolaita jamás debe renunciar a la palabra, porque es renunciar a nosotros mismos, a nuestros gritos interiores, a nuestras efusiones; por eso el silencio ha sido construido para la sombra, que no tiene ninguna sorpresa para los amaneceres.
El nicolaita por antonomasia es un utopista, un soñador, un rebelde. Entendiendo o entendiéndose por rebeldía la inconformidad con el espacio-tiempo que se vive y que se traduce con el grito de ¡Ya basta!, y el sueño utópico de un mundo mejor que el presente, donde se corrijan las causas que motivan la protesta”.

Colaboración especial para Visión de Michoacán.



El Diario Visión
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