Fue un enamorado de la naturaleza: de su Cupatitzio, de las huertas de Uruapan y Ziracuaretiro, de la Meseta Purhépecha , del Río de las Balsas y de la Playa Azul, de la Costa Chica de Guerrero, y nadie como él nos entregó trementes de vida y azoro.
09:50 AM 30/12/2025
Manuel Pérez Coronado, huella imperecedera
Por Sergio Ramos Chávez, Cronista de la Ciudad de Uruapan
Fue un enamorado de la naturaleza: de su Cupatitzio, de las huertas de Uruapan y Ziracuaretiro, de la Meseta Purhépecha , del Río de las Balsas y de la Playa Azul, de la Costa Chica de Guerrero, y nadie como él nos entregó trementes de vida, azoro y color de esos paisajes.
M. P. C. no sólo pintó cuadros, sino que incursionó con éxito en el muralismo. En Taretan pintó con el tema “Cárdenas y los niños”, así como otros murales en la Presidencia Municipal de Apatzingán, y en Carácuaro con el tema de Morelos.
Conoció casi todo el país, y viajó por el extranjero: Francia, Italia, Inglaterra y España; también visitó el primer país socialista de América y Estados Unidos; viajes todos de estudio y trabajo, de observación y aprendizaje permanentes.
Uno de los aspectos menos conocidos de don Manuel es como escritor, y qué bien lo hacía, tanto en verso como en prosa. Fundó y dirigió periódicos, como “Avance”, publicó numerosas hojas sueltas e ingeniosas “Calaveras”. En “Elite” y en la revista “Mensaje” publicó valiosos trabajos sobre problemas de arte y educación estética. Especial referencia merece en este renglón su hermoso cuento “Guachito y los Viejitos” profusamente ilustrado por él, (44 grabados) editado por el CREFAL en 1954 y cuya segunda edición realizada acertadamente por el Gobierno del Estado, ha aparecido recientemente, con prólogo de Alfonso Espitia Huerta. Merecido homenaje a Mapeco.
Falleció el 30 diciembre de 1970 en Celaya, Guanajuato. Su cuerpo fue trasladado a su amado terruño y fue velado en uno de los corredores de la Huatápera: el hospital construido por Fray Juan de San Miguel mucho antes -afirman historiadores franciscanos- que los que fundara don Vasco de Quiroga. Ahí fieles y miles de michoacanos, sin distingos de clases e ideologías de diferentes regiones del Estado, desfilaron frente al féretro gris, e hicieron guardia cerca de cuarenta horas mientras tocaba la chirimía de uno de los pueblitos de la sierra y se quemaba al mismo tiempo en viejos sahumadores, oloroso copal.
Yo en compañía de algunos amigos y unos cuantos obreros textiles, le hice una guardia al filo de la media noche cuando moría 1970 e iniciaba su trazo, entre silbatos y vuelo de campanas, el nuevo año.
El día 1º de Enero fuimos a depositar -a sembrar su cuerpo en el panteón municipal no lejos de donde reposa el otro gran pintor uruapense, Manuel Ocaranza. Fue imponente el cortejo. A las 5:50 de la tarde bajaron hasta su morada postrera los restos mortales del gran artista y luchador michoacano, mexicano, Manuel Pérez Coronado. Pero antes se leyeron cartas y poemas; una del vate Juventino Herrera. El Profesor Alfonso Espitia Huerta a nombre del Gobierno del Estado leyó sentida oración de exaltación y despedida. El que esto escribe, a nombre propio, de muchos uruapenses y de “Elite” y “La Verdad” dijo unas palabras que hoy se reproducen.
Mucho, mucho podría decirse y (o) gritarse sobre la personalidad y obra de Mapeco. Nosotros ponemos punto final con unas palabras de Sol Arguedas que hacemos nuestras (Siempre, Febrero 3 de 1971):
“Manuel era un pintor que caminaba el camino de la fama de manera distinta: llegando desde de la provincia, firme, seguro, creciendo, desdeñando, el trampolín de los cenáculos capitalinos”. / Texto, Tomás Rico Cano, escritor uruapense.
Referencia: Artículo publicado en el entonces semanario “Visión de Michoacán”, Morelia, 14 de mayo de 1991.
El secretario general, Javier Cervantes, indicó que dio inicio el proceso de asignación de materias definitivas a profesoras y profesores de dicha dependencia.