¿Es depresión, ansiedad, o es tu tiroides? A menudo, cuando hablamos de salud
mental, imaginamos que todo ocurre exclusivamente "dentro de nuestra cabeza".
Visualizamos nuestros pensamientos, traumas o el estrés diario como los únicos
culpables de nuestro malestar. Sin embargo, existe un pequeño órgano en forma de
mariposa ubicado en la base del cuello que actúa como un importante director de
orquesta: la glándula tiroides.
Cuando la tiroides desafina, la música de nuestras emociones se distorsiona. Las
hormonas tiroideas no solo regulan el metabolismo o la energía física; tienen un
pase VIP directo al funcionamiento de nuestro cerebro y nuestra regulación
emocional. Ignorar este vínculo puede llevarnos a diagnósticos incompletos y a
sufrimientos innecesarios.
Imagina intentar correr bajo el agua. Esa es la sensación física y mental del
hipotiroidismo, una condición en la que la glándula no produce suficientes
hormonas (T3 y T4). Pero el impacto va más allá del cansancio físico.
En 2024, 42,600 personas en México fueron a establecimientos particulares de
salud, para atenderse por problemas de tiroides. En 2015, el dato era de 24 mil 600.
Es decir, en 10 años, prácticamente se duplicó el número de pacientes con algún
problema de tiroides. Y estos datos son únicamente de los establecimientos
privados. Y esto tiene una correlación emocional impactante.
En el consultorio psicológico, se disfraza frecuentemente de depresión. La falta de
hormona tiroidea reduce la actividad de neurotransmisores vitales como la
serotonina y la dopamina. El resultado es una apatía aplastante, tristeza persistente
sin motivo aparente y un llanto fácil que la persona no logra explicar.
A esto se suma la "niebla mental". El paciente se siente desconectado, con el
pensamiento lento y fallos de memoria. No es raro que alguien con hipotiroidismo
sea erróneamente evaluado por déficit de atención, cuando en realidad su cerebro
simplemente no tiene el "combustible" hormonal suficiente para operar a velocidad
normal.
En el extremo opuesto está el hipertiroidismo. Aquí, el cuerpo recibe una sobredosis
de hormonas que actúa como un acelerador pisado a fondo. Si el hipotiroidismo se
parece a la depresión, el hipertiroidismo es el gemelo malvado de la ansiedad
generalizada.
La persona vive en un estado de hipervigilancia. El sistema nervioso está inundado
de señales de alerta, provocando una sensación constante de peligro inminente,
irritabilidad explosiva y, en casos severos, ataques de pánico. El cerebro no puede
"apagar" el interruptor; los pensamientos se atropellan unos a otros y el insomnio se
vuelve crónico, creando un círculo vicioso de agotamiento y nerviosismo.
Más complejo aún es el escenario de los trastornos autoinmunes, como la tiroiditis
de Hashimoto o la enfermedad de Graves. Aquí no solo lidiamos con hormonas, sino
con inflamación. El sistema inmune ataca a la glándula, y este proceso inflamatorio
puede alterar aún más la química cerebral. Esto genera cuadros de vulnerabilidad
extrema al estrés y cambios de humor impredecibles, dejando a la persona en una
montaña rusa emocional que confunde tanto al paciente como a su entorno.
¿Cómo saber si es la tiroides? Aquí reside la clave para no perderse en el laberinto
del diagnóstico. La gran diferencia entre un trastorno puramente psicológico y uno
de origen tiroideo suele estar en el cuerpo.
Si la tristeza o la ansiedad vienen acompañadas de cambios drásticos en el peso,
caída de cabello, intolerancia súbita al frío o al calor, palpitaciones, alteraciones en
el sueño o en el ciclo menstrual, es hora de mirar al cuello. El cuerpo está dejando
pistas que no debemos ignorar.
La buena noticia es tan potente como necesaria: esto tiene solución. Los síntomas
emocionales causados por la tiroides no son defectos de carácter ni condenas
perpetuas. Una vez que se regula la función hormonal con el tratamiento adecuado,
la "niebla" se disipa, la ansiedad baja su volumen y la energía regresa.
Miles de personas que creían tener una depresión resistente al tratamiento
descubren, tras un simple análisis de sangre, que su cura no estaba solo en el diván,
sino también en el equilibrio de sus hormonas. Cuidar nuestra salud mental implica,
necesariamente, escuchar lo que nuestro cuerpo nos está gritando.
Causas y azares…
Detener a los jóvenes detractores del gobierno en las marchas por la muerte
de Carlos Manzo, sin detener a los capos de la droga que tienen azoladas
bastas zonas de las ciudades, suena muy pero muy raro. Hay alianzas que
todos saben y nadie ataca.
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Hasta la próxima, que es Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la
noche.
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El Congreso del Estado abrió la convocatoria para que las personas con discapacidad en la entidad, participen en el Primer Parlamento con Perspectiva con Discapacidad que se llevará a cabo el 20 de marzo de presente año, en el recinto legislativo.