Discurso del condecorado de la Presea Melchor Ocampo, José Francisco Martinez Gracián

Nos convocamos hoy a este recinto para recordar el magnífico legado de uno de los michoacanos más brillantes que ha dado esta tierra, Don Melchor Ocampo Tapia, con motivo del 158 aniversario de su ext
01:32 PM 03/06/2019


Discurso:

Agradezco a mis compañeras y compañeros Diputados, la invaluable oportunidad de estar aquí, en la más alta Tribuna de Michoacán, en nuestra casa de las Leyes, para compartir algunas ideas, -con su representación-, en este acto Solemne, en el que el presbítero José Francisco Martínez Gracián, recibirá la presea Melchor Ocampo, la máxima distinción que otorga el Congreso del Estado de Michoacán, a personas que se han distinguido, por su contribución para cambiar el entorno y la vida misma de las personas y los colectivos.

Nos convocamos hoy a este recinto para recordar el magnífico legado de uno de los michoacanos más brillantes que ha dado esta tierra, Don Melchor Ocampo Tapia, con motivo del 158 aniversario de su extinción física; y para reconocer en este marco el trabajo y la entrega de otro de nuestros paisanos, José Francisco Martínez Gracián, sahuayense de nacimiento, purépecha por decisión y vocación.

Ocampo vivió en un momento en el que uno de los principales enemigos de la sobrevivencia de la naciente nación mexicana se encontraba adentro y vigilante de cualquier amenaza del exterior para aliarse a ella, siempre amenazando la soberanía y Ocampo dispuesto a defenderla con el Batallón Matamoros, y listo para legar una Patria en paz y armonía.

Hoy, las cosas han cambiado, y ante los atentados del exterior, nuestra Nación responde con solidez, y la búsqueda de la paz y hacia afuera y hacia adentro, se tornó en una luz importante en estas coyunturas.

En esa búsqueda de la digna unidad, cabemos todos, religiosos y laicos, y de igual forma en la lucha contra los grandes males del país como lo son la corrupción, la inseguridad y la miseria; todas y todos somos necesarios, laicos y religiosos.

Ocampo fue un hombre congruente, defensor de la libertad de credo, fue seminarista, más no un recalcitrante antirreligioso, como hoy de forma maniquea se le quiere desdibujar; se entregó a principios, más que a nomenclaturas vacías de contenido. En un maravilloso discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1858, señaló: “Tres son los fundamentos filosóficos del cristianismo que siempre precederán y acompañarán perpetuamente los adelantos de la especie humana. Fe, Esperanza y Caridad. Sin la primera no hay resorte interno que mueva al individuo o a las masas; sin la esperanza, el resorte no tendría objeto; sin la última, el resorte y el impulso no serían benéficos. “La religión y la política son una mismísima cosa bajo uno de los aspectos de aquella”.

Esa entrega y pasión por convicciones y por el bien común, es la que Jorge Mario Bergoglio recoge también en un discurso en Bogotá, pronunciado en diciembre de 2017: “Lo que es claro es que se necesitan dirigentes políticos que vivan con pasión su servicio a los pueblos, que vibren con las fibras íntimas de su cultura, solidarios con sus sufrimientos y esperanzas; políticos que antepongan el bien común a sus intereses privados, que no se dejen amedrentar por los grandes poderes financieros y mediáticos”.

Esa pasión de servicio y esa firmeza de convicciones es la que une a José Francisco Martínez Gracián con Melchor Ocampo.

Ocampo fue un hombre de ciencia que documentó, por ejemplo, el paso de dos cometas ocurridos en 1843 y 1845. Nuestro homenajeado, José Francisco Martínez Gracián, también ha cultivado con gran interés y tesón sus conocimientos en la geología, poniéndolos al servicio de sus semejantes.

Melchor Ocampo fue un convencido de que la educación era un pilar fundamental para el desarrollo del país y por ello fue un fuerte divulgador del conocimiento, quien donó su abundante biblioteca al Colegio de San Nicolás. Francisco Martínez Gracián es también una persona que defiende la causa noble de la educación, fundador de escuelas, promotor de la cultura, escritor de libros y defensor de los saberes y tradiciones de los pueblos purépechas.

Pero la labor de quien hoy será el recipiendario de la presea Melchor Ocampo, ha ido más allá de las ideas, y al igual que el michoacano del siglo XIX, ha dado el paso al frente en el terreno de la práctica de sus principios y de la lucha por sus convicciones.

Ambos pacifistas, enfrentaron a su modo las amenazas de los invasores, Ocampo peleando contra la invasión yanqui, El Padre evitando la invasión de la economía negra en la meseta, esa que tala los montes, engancha a los jóvenes y los llevan a un camino sin retorno y promueve la confrontación. Ocampo y Martínez han usado la organización del pueblo, el conocimiento y la promoción del bienestar como las armas más notables para cambiar.
El “Padre Pancho”, ha sido el promotor del diálogo y la pacificación entre pueblos de la meseta purépecha. Su papel fue fundamental en el convenio de paz alcanzado entre Cocucho y Urapicho, así como en los acuerdos de linderos entre las comunidades de Corupo y San Felipe.
Su talento lo ha puesto al servicio de las comunidades indígenas que padecen escasez de agua potable, logrando que esto se vea reflejado en la mejora de la calidad de vida de decenas de localidades de la meseta.

Ha sabido también colocarse al frente de la defensa del medio ambiente y de la promoción de la sustentabilidad; promoviendo campañas de limpieza y acciones tendientes al manejo integral de los residuos sólidos, así como de reforestación y combate a incendios forestales.
Por todo ello y por estimular los esfuerzos que hacen mantener viva la esperanza y la fe en un mundo libre de contradicciones, especialmente para los más pobres; es que José Francisco Martínez Gracián es un digno representante de las causas y el legado de Don Melchor Ocampo.

Esta presea que hoy recae en usted, Don Francisco Martínez, le hace formar parte de una larga y distinguida lista de michoacanos y michoacanas capaces y brillantes; pero también le obliga a un enorme compromiso con la entidad: ser el promotor de la cultura de la paz que edificó Melchor Ocampo con su ejemplo y su sacrificio. “Es hablándonos y no matándonos, como debemos entendernos”, ese será el signo del nuevo apostolado al que le convocamos los michoacanos que confiamos en su liderazgo para seguir honrando la causa de la concordia y el diálogo que usted ya ha hecho suya.


El Diario Visión
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