Diario Vision

Al César lo que es del César… Democracia laica

19:10:16 / 30-07-2010

Autor: Alejandro Zapata Perogordo


Uno de los temas que, aún a estas alturas no acabamos de definir, es la relación Iglesias/Estado. Desde la época de la conquista, la Católica ha tenido épocas de gran influencia dentro de los ámbitos gubernamentales; en otras ha sido atacada, vilipendiada y odiada por los jefes políticos. Lo que no se puede ignorar, son dos cosas:

La primera, que ha tenido parte activa en el desarrollo de nuestro pueblo y forma parte de la identidad del mexicano.
La segunda, que ya no es la única religión existente.
A través de los tiempos se han registrado excesos de ambas partes; sin embargo, no es el caso volver a despertar resabios de discusiones jacobinas que alimentan el rencor. Tenemos que hacer un proceso de reflexión de aquello que le conviene al ciudadano para ejercer sus libertades y no estar atrapado en la pugna del pasado.

Cuando se habla de laicidad o laicismo; resulta que son conceptos con grandes cargas ideológicas, cuyos contenidos no abonan al entendimiento, por el contrario, cuando simplemente se ubica al Estado laico, se atiende a la concepción moderna adoptada en la gran mayoría de las naciones.

Etimológicamente, laico proviene del griego laos (otra forma de referirse al pueblo) e ikos (terminación para formar un adjetivo); es decir, referente al pueblo, propio del pueblo. El concepto, pues se creó como opuesto a la Iglesia; aunque no necesariamente en rivalidad con ésta, sino simplemente para distinguir dos estatus sociales distintos.

Al tocar el tema que nos ocupa, se deben considerar -cuando menos- cuatro elementos:

Primero.- Autonomía de lo político frente a lo religioso, a efecto de que el Estado no esté supeditado a la Iglesia.

Segundo.- El Estado debe tutelar y garantizar el ejercicio de la libertad de ejercer o no la religión que desee cada individuo, así como las libertades de creencia, conciencia y expresión. Así como el ejercicio en las actividades de culto. Que cada persona pueda decidir si práctica o no determinada religión con absoluta libertad.

Tercero.- Igualdad de los individuos y asociaciones frente a la ley.

Cuarto.- La no discriminación y respeto a los derechos y libertades de las minorías.

Ahora que se ha impulsado una reforma constitucional en el artículo 40 de nuestra Carta Magna, para refrendar a México como una República laica, por sí solo ese término estaría incompleto al no tomar en consideración la indisoluble unidad de que debe ir acompañada esa expresión.
Cuauhtémoc Cárdenas
 
   


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