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Ideales de Melchor Ocampo, siguen vigentes:Salvador Jara
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Rector de la UM orador oficial
11:12 AM 06/01/2013
Discurso del Dr. Salvador Jara Guerrero en acto conmemorativo del nacimiento de Don Melchor Ocampo. Morelia, Michoacán, 6 de Enero del 2013.
“El mañana es nuestro indefectiblemente, y no hay poder capaz de conservar a la especie humana en un perpetuo ayer. Tengo plena fe en el infinito progreso” Melchor Ocampo
Agradezco el honor que el Honorable Ayuntamiento de Morelia, especialmente el Señor Presidente Municipal, Profesor Wilfrido Lázaro Medina, me han conferido al invitarme como orador en este acto. Reconozco lo inmerecido de que tal distinción recaiga en mi persona pero lo he aceptado como un reconocimiento a la institución que represento, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, heredera del Colegio de San Nicolás, tan amado por Don Melchor Ocampo.
Hablar de Ocampo, de sus ideas y de su obra, no resulta sencillo, siempre es complejo, difícil, a casi dos siglos de distancia de su nacimiento, acercarse al pensamiento de un hombre de su estatura, por lo que con frecuencia se podría caer en el lugar común de ceñirse a su biografía. Sin embargo, a gracias a su biblioteca que hoy día forma parte del acervo de nuestra universidad junto con su corazón, de sus discursos y de su correspondencia, es decir, de su ser y su circunstancia, como diría Ortega y Gasset, es posible atisbar la personalidad y el ideario de quien fuera llamado por Justo Sierra el Juan Jacobo Rousseau de la Revolución de Reforma, y su importancia en nuestros días.
Ocampo fue, en palabras de Jesús Romero Flores, parte de un grupo de hombres de espíritu selecto y cultivado; generosos y sinceros, amantes del bien por el bien mismo, sin miras personales, ni de venganza ni de lucro.
Afirmaba Melchor Ocampo: “No hagas a otro lo que no quieras que te hagan, basa de la moral; Haz a otro lo que desearías te hiciesen, basa de la virtud, son fórmulas que a pesar de su vaguedad, conservan el mismo fondo de su esencia en la boca y en el corazón del más mustio y devoto de los místicos y del más despreocupado hombre de mundo, si suponemos a ambos, como hay tantos, sinceros y hombres de bien”
Ocampo estudió latín, matemáticas, física y filosofía en el seminario de Michoacán, y posteriormente derecho en la Universidad Pontificia de México. Fue un apasionado de las ciencias naturales y un defensor de su enseñanza. Consejero y colaborador del Presidente Juárez, tanto en el planteamiento como en la realización del programa político y social por el que luchó el Partido Liberal, y con quien compartió además la preocupación de una educación que con sencillez y claridad fomentara no sólo los derechos sino también las obligaciones del hombre en la sociedad.
La obra de Melchor Ocampo es rica y extensa, podría dedicar estas palabras a sus estudios naturalistas o a su papel como diplomático y excelente negociador, sin embargo, el día de hoy quiero referirme a dos de los ideales que creo más importantes del filósofo de la Reforma, la educación y el laicismo, ambos considerados por Ocampo como fundamentales para la construcción de una sociedad democrática y para la formación ciudadana.
Siendo gobernador en 1847, restauró el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, que había sido clausurado.
El año de 1852, al volver a ocupar el puesto de gobernador, mejoró el Colegio de San Nicolás con laboratorios que costeaba de su peculio personal; creó carreras de agricultura e ingeniería civil, organizó la carrera de jurisprudencia e instauró el examen público y privado para ser profesor de instrucción primaria.
En un discurso pronunciado en el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, siendo gobernador de Michoacán, expresó: “Nos dedicaremos, pues, a hacer que prospere nuestra agricultura y minería, nuestros artefactos y nuestras relaciones mercantiles, esforzándonos en desestancar la propiedad, disminuir los gravámenes, mejorar los caminos, aprendiendo y aplicando las ciencias y artes que a esto conducen. Para ello, nuestro cuidado preferente será San Nicolás, y ojalá que consigamos levantar su fama al nivel de la del hombre benéfico que lo fundó y de la del héroe a cuya memoria se ha dedicado. Así debemos esperarlo del celo e inteligencia del patriota probo e ilustrado que hoy rige el establecimiento”
En ese mismo discurso Ocampo manifestó una preocupación que continua vigente, la necesidad de dar mayor atención al estudio de las ciencias naturales y exactas, decía: “Es de suponer que con el tiempo se abran nuevas carreras a la juventud estudiosa; es también de esperarse, y no porque el gobierno crea en la ponderada superabundancia de sacerdotes, abogados y médicos, pues nunca sobra el número de personas instruidas, sino porque juzga que la conciencia, la bolsa y la salud no son los únicos objetos de estudio, y sí que las ciencias presentan hoy un vasto campo de utilidad y de gloria, que muchos jóvenes puedan dedicarse a brazos de ellas que se hallan hoy enteramente desatendidos entre nosotros, que forman la suerte y el lustre de muchas familias en Europa y que evitarán en lo sucesivo la aglomeración de personas en unas mismas facultades, que por su mismo número no pueden vivir cómodamente del desempeño de ellas ni dedicarse con facilidad a nuevos estudios después de haber consumido, en lo que al fin le resultan estériles, ellos los mejores años de su vida, y sus familias el capital que representan sus alimentos y demás gastos reunidos, y después de haber adquirido hábitos poco adaptables a un nuevo y distinto género de ocupaciones”
Como actualmente, que hace falta que formemos tres o cuatro veces más ingenieros y que nuestros científicos se multipliquen por diez, mientras que la mayoría de los jóvenes siguen optando por estudiar las mismas carreras que hace más de siglo y medio se estudiaban: medicina, derecho y contaduría.
Con la visión de una educación altamente calificada e integral, Ocampo estableció las cátedras de gramática castellana, latina. y francesa; de lógica y matemáticas, de derecho civil y canónico, de química y farmacología, y de física y matemáticas como parte de los estudios preparatorios. Además en 1848 anunció el proyecto de las cátedras de clínica, botánica, agricultura, elocuencia y derecho de gentes, con lo que pretendía que en San Nicolás se ofreciera un conjunto de enseñanzas único en la República para que Michoacán llegara a tener una verdadera Universidad, como afortunadamente ocurrió.
Por desgracia, escribía Ocampo, “aun no se comprende suficientemente la diferencia que hay entre instrucción y educación. Así se ve, y eso da lástima, que los jóvenes salen de los colegios sin entender una palabra de negocios, sin comprender una sola de las fases de la vida práctica, sin saber muchos de ellos ni saludar ni presentarse en una tertulia o en un círculo. Aun más, en la profunda y general ignorancia sobre los deberes domésticos y públicos. Y raras veces se instruye al ciudadano sobre sus deberes de tal, y aquí resulta que son pocas las personas que se hayan formulado de una manera precisa sus obligaciones. Cada uno desarrolla del modo que su sentido íntimo le aconseja, y bien o mal, los primeros rudimentos de educación religiosa y política que recibió en sus más tiernos años o en medio de los tempestuosos placeres de la juventud”
La importancia de un estado laico para la democracia y como pilar fundamental de un pueblo libre fue también previsto por Ocampo. La gran cuestión de la enseñanza laica como dice D. Eduardo Ruiz- Melchor Ocampo, la comprendía bien. Sin un Estado laico tampoco hay libertad de conciencia. No se trata de imponer a otros las creencias propias sino de garantizar que cada quien pueda mantener las suyas. Todos somos libres de profesar en lo individual cualquier creencia política y religiosa, cualquier credo siempre y cuando no se perjudique el derecho de los demás. Pero el gobernante como tal debe gobernar para todos sin distingo ni político ni religioso, se debe como gobernante a toda la nación, y su deber es preservar la riqueza de la diversidad.
En su discurso sobre Religión y Unión, Ocampo manifiesta que el sacerdocio de todas las religiones no tiene más objeto que el de enseñar las relaciones del hombre con Dios, y que a los laicos, poco nos es lícito decir sobre ellas. Estas son cuestiones que cada individuo debe arreglar con Dios y por ello a cada individuo ha dado el mismo Dios la razón y la conciencia. Por ello lo dejamos que conforme a ella, a su conciencia, arregle tales relaciones, con tal de que no se sirva de su creencia como pretexto para perjudicar a un tercero.
Vale la pena citar las palabras de Ocampo en torno al deber de los laicos: “En las relaciones por las cuales el hombre se llama prójimo, en el precepto magno Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, en las relaciones necesarias que dan origen al derecho y al deber, como en las libres que se llaman caridad, amor, fraterno, filantropía, en una palabra, sobre las relaciones de justicia y benevolencia, que los hombres deben tener entre sí, la religión y la política no tienen ni pueden tener más que un objeto; procurar que cada hombre sea lo más benéfico posible para los demás”
Alertaba Ocampo del peligro de un estado no laico, “notad, señores, decía, que la intolerancia se va trasladando de la religión a la política”
Y agregaba: “Estamos mal educados, señores -afirmaba- cuando la enseñanza se confunde con la educación y se enseñan deberes artificiales olvidando los deberes civiles, cuando se tiene por maldito al trabajo, que es la fuente de la independencia personal, de la acumulación, de la riqueza, de la prosperidad y poderío de las naciones. El trabajo, arbitrio único para dominar la naturaleza por medio del arte y de continuar y mejorar la creación… Es, pues, indispensable, si es que queremos conservar la patria, que entremos con paso firme en el camino de la justicia; que respetemos toda convicción sincera, pero que le impidamos alistar fuerzas y querer imponerse con las armas; que distingamos el llamado delito político de todos los crímenes que han sido siempre reprobados por toda la humanidad, como la traición, como el perjurio, como el abuso de confianza, el robo, el asesinato; que protejamos todos los intereses legítimos, pero nada más que los legítimos”
Qué bien embonan sin duda en el presente esas palabras.
Hoy por hoy debemos comprender que la verdadera democracia es un mecanismo para tomar decisiones, y es una vía en la que todos podemos ganar. En una verdadera democracia la pérdida de una elección es siempre temporal, siempre hay tiempo de reafirmar o rectificar nuestras posturas. El ejercicio del poder en una democracia es la prueba y la evaluación de todo un programa de gobierno que debe ser refrendado o condenado en la siguiente elección. Y cada elección es la práctica misma de la libertad de un pueblo, la posibilidad de cada ciudadano elija y que la nación cuente con las mejores propuestas para el futuro.
Si bien es cierto que cada ser humano es responsable de sus acciones y que la ley debe aplicarse sin distingos, también es cierto que nadie nace con ninguna semilla de maldad en su conciencia. Hoy, cuando algunos discursos maniqueos hablan de la maldad natural de los hombres, debemos reafirmar que ningún mexicano nace deseando empuñar las armas aun con los fines más nobles, todos deseamos naturalmente la paz, la concordia, la justicia. Ocampo bien lo sabía, se preocupó y se ocupó de construir un mejor futuro en las leyes y las políticas públicas, hoy debemos rescatar ese legado y volver al compromiso de construir un México mejor para las futuras generaciones.
Ocampo, a pesar de las dificultades del México de entonces, siempre mantuvo siempre su fe en el futuro del País. Quiero por ello concluir con la visión optimista de Melchor Ocampo, tan necesaria hoy día: “Oh! México, Serás el país por excelencia, en que a la variedad de climas y belleza del cielo, a la infinita variedad de productos, se reúnan la magnanimidad, altas miras y brillante imaginación de los pueblos del mediodía, con la pureza de costumbres, amor al trabajo, y el espíritu de incansable adelanto. Tú llegarás a ser así, si bien comprendes y cumples tu destino, el núcleo en derredor del cual se forme la futura humanidad cuyas solas fórmulas sean: Ciencia, Justicia, Industria, como los más importantes resultados del pleno desarrollo de la libertad en el entendimiento, en el corazón, en la mano. Así harás fecundos los esfuerzos de tus buenos hijos por darte independencia, que no es más que el medio de que seas útil a las otras naciones por el uso noble y debido de la libertad”
Con esta iniciativa se fortalecerá el acompañamiento a pacientes y sus familias, así como la coordinación entre instituciones de salud, DIF y sociedad civil.