Como académico Nicolaíta me resulta imposible observar la realidad educativa de México sin experimentar una profunda preocupación por el rumbo que estamos tomando como nación.
09:53 AM 15/06/2026
¿Educación para Todos o Abandono Institucional? La deuda que México Sigue Ocultando
Por: Guillermo Salas Razo
Como académico Nicolaíta me resulta imposible observar la realidad educativa de México sin experimentar una profunda preocupación por el rumbo que estamos tomando como nación; y es que la vocación social de la Universidad Michoacana de
San Nicolás de Hidalgo me ha enseñado que el conocimiento solo adquiere verdadero sentido cuando se convierte en una herramienta al servicio de las causas
más sensibles de la sociedad, particularmente de aquellos sectores que históricamente han quedado al margen de las oportunidades.
La desigualdad educativa, esa que sigue siendo una de las expresiones más profundas de la brecha social que enfrenta nuestro país.
Y aunque esta problemática está presente en todo nuestro país, sus efectos son particularmente evidentes en las comunidades rurales, donde convergen múltiples
factores de exclusión: menores oportunidades de acceso, infraestructura limitada,
dificultades de conectividad, escasez de recursos especializados y una
desvinculación histórica entre los modelos educativos y las necesidades reales de los territorios.
Esto resulta en una evidente contradicción, pues mientras que México aspira a integrarse plenamente en una economía basada en el conocimiento, ciencia e innovación; amplios sectores de la población continúan enfrentando barreras que
les impiden acceder a una educación pertinente, de calidad y vinculada con los desafíos contemporáneos.
Y es que precisamente son las familias rurales y los pequeños productores
quienes sostienen una parte fundamental de la actividad económica de nuestro
país, la actividad agroalimentaria nacional, misma que contribuye a la seguridad
alimentaria, al empleo y al desarrollo económico de México.
Sin embargo, nuestras comunidades rurales siguen enfrentando limitaciones para
que las nuevas generaciones tengan el acceso oportuno a la formación científica, tecnológica y profesional necesaria para desarrollar sus capacidades, impulsar
procesos de innovación y convertirse en protagonistas de la transformación de sus propias comunidades.
Por eso, si millones de estudiantes reciben una formación desvinculada de sus
realidades sociales, productivas y culturales, difícilmente podremos construir una
sociedad innovadora y competitiva.
Esto implica reconocer que educar no es solamente transmitir conocimientos, sino
formar ciudadanos capaces de comprender su entorno, resolver problemas y
participar activamente en el desarrollo de su sociedad.
reconociendo a maestras y maestros
como agentes fundamentales de transformación social, capaces de acompañar
procesos educativos contextualizados y cercanos a las comunidades.
entendiendo que la educación no ocurre de manera aislada, sino dentro de familias,
comunidades y territorios con realidades específicas.
que permita cerrar las brechas existentes y garantizar que
ningún estudiante, sin importar su origen o lugar de residencia, quede excluido de
las herramientas necesarias para participar en la sociedad del conocimiento.
La educación no es un tema secundario, pero tampoco debe verse como un problema exclusivo del campo; representa una de las expresiones más visibles de una deuda educativa nacional que afecta el desarrollo económico, la cohesión social y la capacidad de México para construir un futuro más justo y competitivo.
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